Poesía de Consuelo a su hijo José Antonio

José Antonio

MI JOSE

Yo tenía un hijo

que para mí era

la más fragante flor

de toda primavera.

Un día no esperado,

su último suspiro

ardiente y desesperado,

mi corazón dejó herido.

Me invadió la amargura

mi pecho sin respirar quedó,

porque su alma grande y pura

al infinito cielo voló.

Mis lágrimas no han podido

calmar el dolor que me dejó,

desde el fatal día veintidós

del mes nueve,

que se marchó.

Pero seguiré llorando

con muy amargos enojos

y sólo en él pensando,

aunque se queden secos

mis sufridos…ojos.

Siempre en él pensado,

pasaré la vida llorando

haga calor o haga frío,

mientras pueda latir

el triste corazón…mío.

Mi querido José Antonio

se marchó para no volver,

el que siempre había sido

la razón suprema de mi ser.

Dejó dolorido mi corazón,

mi alma vacía de ilusión,

mi mente atormentada

y muy desorientada.

Desde el amanecer

no hago casi nada

teniendo mucho que hacer

al cielo imploro,

sólo pienso en él

y desconsolada…lloro.

Su noble y fiel amistad

sin lugar a equivocarse,

porque tenía personalidad,

a la planta de la hiedra

bien podía compararse:

SIEMPRE VERDE

SE ELEVA

Y

SE EXTIENDE

 

Consuelo Romero

 

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